
Todos tenemos en la memoria aún aquellas mantas en Piazza San Pietro el día de funeral del amado Juan Pablo II que contenían el clamor del pueblo de Dios: Santo Súbito, Santo Súbito, Santo ya!!!!
En abril se cumplirán 6 años de la partida a la Casa del Padre del recordado Papa y ayer el mundo conoció públicamente lo que en Roma era secreto a voces: el domingo 1 de mayo, día de la Divina Misericordia, Fiesta instituida por él mismo Juan Pablo, éste será elevado a los altares.
Su proceso de canonización inició apenas a los 41 días de fallecido el Pontífice con la dispensa otorgada por el Papa Benedicto XVI el 9 de mayo del 2005 a los cinco años que normalmente se deben esperar entre la muerte de quien ha muerto en olor de santidad y el inicio del proceso. Muy rápido dirán algunos, sin embargo como dice el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en la página A3 de la edición impresa del Avvenire, el periódico de la Conferencia Episcopal Italiana: "veloce nei tempi, ma senza sconti" (veloces en los tiempos, pero sin descuentos...), es decir, que a pesar del poco tiempo no por eso hubo menos rigor a la hora de discernir todo el proceso.
De junio del 2005 a abril del 2007 se dio la investigación en Roma y en diferentes diócesis, sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad y de milagros. El 4 de mayo del 2007 la Congregación para las Causas de los Santos reconoció la validez jurídica de los procesos canónicos. El 19 de diciembre del 2009, el Sumo Pontífice Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto sobre la heroicidad de las virtudes.
El 21 de octubre del 2010 los detallados exámenes médico-legales, fueron sometidos al examen científico de la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos y sólo 11 días después del inicio de este 2011, dicha Congregación en sesión ordinaria ha dado afirmativa por decisión unánime la sentencia en la que se reconoce que hubo intercesión de Juan Pablo II en la sanación realizada por Dios, científicamente inexplicable de Sor Marie Pierre Simon, cuya enfermedad del parkinson le había sido diagnosticada en el año 2001 por el médico que la atendía y por otros especialistas. Y oficialmente ayer 14 de enero, el Papa Benedicto XVI aprobó la beatificación de su predecesor.
Muchas cosas se han escrito y se han dicho desde entonces: qué no había necesidad de apresurar las cosas… qué no hay necesidad de este proceso oficial de la Iglesia pues todos fuimos testigos directos de la vida del Pontífice y que no hay duda de su santidad… que como se puede pensar en canonizar a un Papa mediático y que tapó -según sus detractores- los escándalos que ha tenido que afrontar la Iglesia en los últimos años…
Ahora el último grito del “laicismo” romano parecer ser que es más importante la Festa del lavoro que la beatificación del venerado Papa que tanto hizo por Roma misma y por el mundo. Baste leer un poco los comentarios que publican algunos asiduos lectores del Corriere Della Sera, uno de los más populares diarios en Italia, para darse cuenta de cómo cada día la vida de la Iglesia va quedando más en el olvido de aquellos que sin la Iglesia no serían nada o muy poco, pues Roma sin la Iglesia y el Vaticano sería una simple ciudad llena de piedras y monumentos que algunos vendrían a ver, pero nunca lo que es en la actualidad gracias a la cantidad de turistas y peregrinos que vienen a Italia para conocer un poco más la historia de su Iglesia, para visitar sus templos y sobre todo para ver y escuchar al Papa.
Algunos ya piden no ir a Misa el 1 de mayo, porque es más importante un concierto del día del trabajo que ir a agradecer a Dios por el testimonio de un nuevo Beato en la Iglesia que desde León XIII y sus sucesores no ha dado tregua en la lucha por defender precisamente a los trabajadores y sus derechos.
Y aunque no se trata de una competencia, veremos quién logra reunir más gente: si los fanáticos de los conciertos del día del trabajador o la Beatificación del Grande Papa Juan Pablo II?
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