
No debe extrañarnos, pues ya nuestro Señor lo había anunciado: “¿Si esto hacen con el leño verde que no harán con el seco?” (Lc 23, 31); sin embargo, no deja de serlo, pues nunca como hoy el mundo que hemos ido construyendo, se ha llenado de organismos internacionales que defienden los derechos de todos y cada uno de los individuos que habitamos en este planeta.
Organismo que salen en defensa de “las minorías” que exigen derechos que muchas veces ni siquiera podrían ser llamado como tal, pero que, extrañamente cuando hablamos de persecuciones a cristianos católicos en estos días, parece que viven en otra parte de nuestra galaxia, porque no ni se pronuncian ni hacen nada porque se respete ese derecho a profesar libremente la fe en cualquier ambiente, siempre y cuando dicha fe no atente contra la moral o las costumbres de los pueblos, como rezan las mayoría de los artículos referidos a la religión.
Ya el Papa (así con mayúscula aunque la REA se enoje) Benedicto XVI lo ha mencionado en varias oportunidades invitándonos a la plegaria para que los pueblos que viven bajo la opresión de extremistas, puedan profesar libremente su fe en Cristo. La más reciente, el pasado 25 de diciembre en el mensaje Urbi et Orbe.
¿Por qué callan esos defensores de los derechos humanos cuando deberían condenar este tipo de prácticas? ¿Por qué entonces si son capaces de pronunciar grandes discursos cuando se trata de respetar el derecho de construir mezquitas y otros lugares de culto para esas religiones, especialmente en Europa, donde el avance del laicismo y del Islán están acabando con el cristianismo a pasos agigantados?
Es fácil hablar de la “famosa inquisición” con un desconocimiento total y basándose sólo en leyendas, como apunta muy bien Vittorio Messori, para hacer referencia a un pasado del que no nos sentimos orgullosos, pero no se habla nada de las nuevas inquisiciones como las que vivimos en estos días pero no dirigidas por
Mientras a
No basta informar lo que está sucediendo con los cristianos en países de mayoría islámica, es hora de poner el tema en la agenda setting de los grandes de este mundo.
¿Cuántos mártires más tendrán que verter su sangre en nuestros templos para que se haga algo? No debe extrañarnos pues ya nuestro Señor lo había anunciado…

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