domingo 28 de noviembre de 2010

Para la prensa todos somos prostitutos y prostitutas


Sé que el título no es muy alentador, pero al menos espero haber logrado la atención de mis amigos lectores. Y si están leyendo este nuevo post, es porque algo les habrá inquietado la afirmación que hace este sacerdote estudiante de comunicación.

¿Por qué me atrevo a hacer semejante afirmación? Más que claro si hemos seguido las noticias que desde la semana pasada, han saturado los diversos medios de comunicación del mundo. Hoy, 28 de noviembre, primer domingo de Adviento el diario nacional Al Día publica: Papa aceptó el uso del condón y presenta a su Santidad como el personaje de la semana. Lo extraño es que si vamos al contenido de la nota, en ella encontramos una cita del libro-entrevista que se publicó esta semana y en la que el Papa aclara:

“puede haber algunos casos justificados (del uso del condón), por ejemplo cuando una prostituta (o prostituto) usa un profiláctico. Ello puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad, consciente de que todo no está permitido” (el subrayado es mío)

¿Por qué entonces presentar la nota como si fuera una via libera per tutti (un camino libre para todos) confundiendo aún más a los que piensan que la moral de la Iglesia es una veleta de las que se mueve conforme la empuje el viento?

Peor aún, uno de los titulares de ayer del diario español El País que afirma: Los obispos desoyen al Papa y atacan el condón, presentando el tema como si la Iglesia se tambaleara por algo tan banal como reducir la sexualidad humana al uso o no de este método de planificación artificial.

Nada de nuevo hay en lo que el Papa respondió a la pregunta de Peter Seewald, nada que modifique la doctrina de la Iglesia respecto a la sexualidad vivida con amor, responsabilidad y fidelidad en el contexto del matrimonio sacramental. El uso del preservativo podría ser un paso a la moralización de quienes lamentablemente están viviendo una situación tan cruda y dolorosa como la prostitución, sea esta masculina o femenina. ¿Por qué cuesta tanto que algunos periodistas entiendan esto? ¿Por qué generalizar y decir que por fin el Papa aceptó el uso del preservativo como si todos los esposos y esposas vivieran esa experiencia de prostitución? ¿Por qué un esposo o una esposa fieles deben preocuparse del contagio del SIDA y por ello deben agradecer al Papa “el permiso” para usar ese método de barrera que desvirtúa la hermosa unión conyugal en un contexto de entrega y generosidad a la vida, sin olvidar la paternidad responsable?

Para la prensa esta parece haber sido la noticia más esperada del siglo o del nuevo milenio y ha pesar de ser una noticia tergiversada no deja de tener algo positivo: aunque algunos de esos mismos medios critican que la Iglesia tenga que dar opinión en temas de moral o de otra índole, sin embargo le han dado al Papa una autoridad moral tal que el solo hecho de una frase mal presentada, ha llenado titulares de noticias y seguirá dando de qué hablar. Hasta la misma ONU ha reconocido la autoridad moral del Papa como signo visible de la unidad de la Iglesia al felicitarlo por este paso… ¿No es que al mundo laico y anticlerical de hoy no le interesa lo que diga la Iglesia? Y entonces, ¿por qué tanto regocijo por “las palabras” del Papa?